jueves, 10 de diciembre de 2015

LA SOLEDAD DE UNA MADRE (Poema)


El tierno pan de espigas
que dorara el sol
fue horneado
con el amor de mi madre
mientras su risa
se apostaba
alrededor de la mesa
donde ahijados, hijos y amigos
puntuales se congregaban  
a unos les procuraba vino
a otros el hambre les espantaba
y al mayor de los hijos
de utopías alimentaba.

Las calendas volaron
los críos partieron
la abuela de todos
espera al hijo ausente
por un abrazo
viene posponiendo su muerte.

El caserón y la anciana languidecen
un gato que da vueltas sobre el regazo
de su corazón en ruinas se compadece.






PREGONEROS (Poema)


Soñó la débil cerilla
Ser lumbre, ser fulgor
De legiones de olvidados
Más su destello se extinguió
Entre dádivas y sangre. 

Se dispuso la grácil cometa
Ser senda, ser Norte
De parvas de indignados 
Y al doblar la esquina
El carretel y la ira yacían olvidados.


Aspiró el   excelso    cóndor
Ser escudo, ser emblema
De territorios devastados
Al escalar su primera cumbre
Por propios y foráneos fue confinado.

Pretendió la nimia gota de rocío
Ser torrente que nutre la savia
De orquídeas y cipreses
Más con petróleo, carbón y oro
El parco arroyo era contaminado.

Anheló el recio temporal
Lavar tierra y conciencias
Amaneció y la borrasca
Una triste brizna le acariciaba. 

Deseó el hombre ser fundamento
Ansió la mujer ser simiente 
La palabra fue el pregón  
Que de las cadenas los liberó.





RETAZOS


RETAZOS


RETAZOS


martes, 1 de diciembre de 2015

ALGO QUEDÓ (Poesía)




Como un huracán 
entraste en mis dominios
atropellando mi pecho
donde por ti esperaba
mi corazón sediento,
revolcaste sin pudor 
mis instintos primitivos
y sin siquiera un dejo de mis labios
te adueñaste de mis amaneceres,
de la noche, de mis besos,
de mi almohada y de mis libros
y a cambio me enseñaste en tu lecho
arcaicos conceptos de geometría
y con lecciones de historia 
me revelaste el significado 
de lo que es la dignidad,
y sin sonrojarme
supe de los devaneos de la carne
y como quien no tiene escapatoria
te confieso ahora si irreverente
que ni el trasegar diario
y sus batallas domésticas
ni el pasar de los años
y el frío del invierno 
que se mete entre los abrazos
ni los sutiles escarceos
y las bajas pasiones
te arrancaron del todo
de mis entrañas
y admito libre y liviana
que al lado de mis flaquezas
las tuyas son nimiedades
y ya en los albores de la decrepitud
confirmo sin ambages
que de aquel gran amor
me quedó el amor.