Perdida en rutinas que quién diría
Visito a mis padres rotos cada tercer día,
No ayudaron los amores efímeros
En el intento de
arrancarte de mis pensamientos,
Me obsesiono por autores abstrusos
Que apabullen toda evocación
Y más tu voz grita placeres,
Con el dolor a cuestas
Me inclino por subterfugios estoicistas
No del todo aptos para mis gustos
Por ellos confundo impasibilidad con ataraxia
Y encubro la sensibilidad
Que solía acompañar mi escritura
Desde un corazón delirante de amor
Y templo la coraza de la indiferencia
La única capaz de salvarme de tus falsedades
Renunciando sin aspavientos, a pesar de las heridas,
Al ímpetu de tus besos torvos
A tus sentencias timoratas
Y a tu unicornio de frágil armadura
Azote de tus incognitos instintos.
Discípula de Zenón y Cleantes
Repaso sus lecciones estériles
Procurando sin éxito ser fiel a sus postulados
Veranos para ti, Vida,
Para mi corazón inerme, solo inviernos
Y en medio de una soledad avenida sin resquemores
Me lanzo a remendar
recuerdos que queman
Que me consumen en el estropicio del fuego,
Y es que esta pasión por ti, confieso impávida,
Sigue ardiendo con denuedo.
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